Aquellos tiempos universitarios

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Recordar personajes, vivencias, anécdotas y alguno que otro de nuestros primeros encuentros y desencuentros con el amor y el desamor es un acto que nos llena de emoción y vitalidad. Por ello, celebro la iniciativa de “GENERACIÓN 60”, Asociación Civil creada por un gran compañero y amigo –en mi caso querido compadre- desde aquellos tiempos universitarios, Miguel Ángel Moreno Tello, cuya finalidad es rendir tributo a los forjadores de la Universidad de Oaxaca, que en buena medida lo fueron nuestros.
Durante la semana que concluye mañana con una roconroleada, la cual será amenizada –según información que tengo- por los Teen Tops y los Rebeldes del Rock; bueno, los que sobreviven aún o sus descendientes o relevos generacionales, se evocaron momentos estelares de aquella inolvidable época; etapa, la década de los sesentas, que según un líder estudiantil de los sesenta, se inició el 1 de enero de 1959 con la entrada de Fidel, El Che Guevara, Camilo Cienfuegos y demás revolucionarios a la Habana y concluye el 11 de septiembre de 1973 con el Golpe de Estado en Chile a Salvador Allende. Hasta entonces, hasta la llegada de los sesentas, el mundo era ocre, incoloro; a partir de entonces se revoluciono, se volvió vital, llegó el amor libre, la música transformó los sentidos, aparecieron los Beatles y los Rolling Stones, los hippies se lanzaron a recorrer el mundo; nuevas primaveras y amaneceres brillaron, los movimientos estudiantiles que surgieron en diferentes partes del mundo se proponían conquistar utopías y llevar la imaginación al poder.
Para nosotros, todo comenzó con nuestra llegada a la prepa. Para al segundo o tercer día ser “pelados” por los de tercero para arriba adquiriendo la condición de “macoloches”, al siguiente año seríamos “perros” y al tercero ya podíamos tijeretear a los de nuevo ingreso. De aquel primer año recuerdo al Maestro Alejandro Pombo, a la Teacher Mariela, al Maestro Von Thaden que exigía entrar a su clase con corbata, a Cuauhtémoc Pérez Guerrero, a Alberto Canseco que muy pronto se convertiría en Rector; memorable en todo el tránsito por la Universidad lo fueron las “preparadas” para los exámenes que eran orales, frente a un jurado que te cuestionaba luego de sacar las tres fichas de la copa que oportunamente “Don Manuelito” o “El Chapo” habían colocado sobre la mesa, incluyendo la campana que el presidente del jurado hacía sonar delimitando los tiempos.
Mi primer contacto con la política universitaria llegó una mañana en que un compañero de los grandes me agarró de la oreja y me subió a un camión del que después de dar varias vueltas por la ciudad nos bajaron en el edificio central con credencial en mano y bajo la advertencia de estar siendo observados de votar por la “Planilla Azul”. Eran las elecciones de la Federación Estudiantil Oaxaqueña. Semanas después, un compañero me urgió a tomar mi bicicleta para trasladarnos al “Viernes del Llano”, sin entender a bien de qué se trataba, lo seguí para de pronto encontrarme con cientos de compañeras que sonrientes portaban flores y se paseaban al compas de la Banda de Música y la Marimba del Estado, a las que años después se sumaría la Estudiantina. Mi impresión fue tremenda, nunca había visto tantas mujeres juntas.
Ya repuesto de la sorpresa, me enteré que tal encuentro se celebraba todos los viernes de la cuaresma, en uno de los cuales se realizaba la Samaritana; repartición de aguas frescas, presidida por Casilda en el Patio Central de la Universidad que culminaba con una tardeada amenizada por los grupos de moda en especial los “Bethoven’s”; los festejos –ligados a Semana Santa- culminaban con el baile del Sábado de Gloria, que por tradición organizaba la directiva de la Escuela de Medicina y amenizaba la Orquesta de Juan García Médeles y su Luz Negra.
Dos eventos eran paradigmáticos: los Juegos Florales, en recuerdo del Benemérito Benito Juárez, que al más clásico estilo porfirista -en el mes de marzo- era homenajeado por una Reina y su corte de Embajadoras de las Escuelas y Facultades de la Universidad, incluyendo la pasarela y el combate floral en el Teatro Macedonio Alcalá; culminando con la entrega por parte la Reina de la Flor Natural al Poeta Laureado; honor que en varias ocasiones recayó en el Maestro Francisco Hernández Domínguez; luego en mayo se celebraba la Semana del Estudiante, para conmemorar la conquista de la Autonomía Universitaria de la UNAM; en cuyo recuerdo nos hemos convocado esta semana; como es de suponerse también la presidía una Reina a quien se sumaba el Rey Feo; bailes, la infaltable barbacoa, entrada al cine gratis, encuentros deportivos eran obligados. Frente al edificio central se llevaban a cabo las tradicionales, competencias de “jalar la reata” –sin albur-, carreras en costales, beberse tres caguamas. En lo personal, recuerdo haber ganado la de comerse tres plátanos machos –también sin albur-; en el inter era clásica una piedriza cada año con la “14”, la vocacional ubicada frente a la prepa.
Así llegó el Movimiento Estudiantil del 68 que vino a cambiar la forma y el fondo de la relación con los poderes del Estado, que de alguna forma incidían en la vida de la Universidad. Desde el financiamiento de las planillas que disputaban la Federación Estudiantil hasta las formas de elegir autoridades, en particular el Rector que surgía de una terna propuesta por el Gobernador; el 68 fue un parteaguas que merece un análisis amplio y sereno, que puede y debe ser motivo de otro encuentro de esta naturaleza. A partir del 68, la Universidad adquirió o renovó su conciencia social, se vinculó a las luchas populares, es decir, volvió la mirada a sus orígenes. Fue en 1970 cuando se dio la mayor confrontación con el Estado, que polarizó a los estudiantes, motivó la expulsión de los dirigentes encabezados por Antonio Catillo Viloria, se dio lo que podríamos considerar uno de los primeros secuestros políticos y lamentamos la muerte de un compañero.
Ya en 1971, se entró en una etapa de recomposición de la vida universitaria. Gracias a la vocación democrática de los ex rectores Fernando Gómez Sandoval y Agustín Márquez Uribe y de quien lo sería después Rubén Vasconcelos Beltrán, pudimos elegir una nueva Federación Estudiantil que tuve el honor de encabezar. Para marzo de ese año, en Sesión Solemne del Consejo Universitario celebrada en el Paraninfo de la Universidad, a la que acudió el Secretario de Educación Pública Víctor Bravo Ahuja y el ya Gobernador Interino Gómez Sandoval, demandamos la libertad de dos compañeros presos por los hechos del año anterior, levantar las expulsiones de los dirigentes y la discusión de una amplia Reforma Universitaria que estableciera la paridad estudiantil en el Consejo Universitario y Consejos Técnicos, deslindara la elección del Rector del Gobierno del Estado y concediera la Autonomía plena y jurídica a la Universidad.
Los compañeros fueron liberados, las expulsiones anuladas por el Consejo Universitario y en octubre, por unanimidad, el Congreso del Estado aprobó la Reforma propuesta. A partir de ese momento, nuestra Alma Mater es Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Mención especial merece la unidad alcanzada por los líderes de las Escuelas y Facultades, todos cerramos filas, Gilberto Silva Valencia de Comercio y Administración, Enrique Guzmán Calafel de Arquitectura, Rafael Aragón Kuri de Medicina, Amado Chiñas Fuentes de Derecho, Jaime Canseco de la Preparatoria, Gloria Contreras de Enfermería. Para ellos el honor de haber sido parte activa de la conquista de la Autonomía Universitaria.
Hoy, a 46 años de aquellos momentos, estoy cierto que la nuestra, la generación de los sesentas, aportó para la historia talento, altura de miras, lealtad, incluso aún con visiones políticas diversas y antagónicas encontramos en la diversidad los consensos necesarios que hasta hoy nos unen, para con orgullo poder decir “aunque a su puerta llame la duda, aunque a su pecho hiera el dolor, los estudiantes de la UABJO lucharán siempre por un ensueño, por un derecho, por un amor”.
Para todos, los ausentes, los presentes, los que ya partieron, les pido, ponernos de pie y brindarnos un minuto de aplausos.
Es viernes. ¡Hoy toca! Diría Germán Dehesa.
¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

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