Angela Merkel y el reto del neonazismo

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En 2015, al conmemorarse la Memoria de las Víctimas del Holocausto, Shabby Dhalu, Secretario de la Unidad contra el Fascismo en el Reino Unido, realizó para TeleSur un análisis comparativo de la influencia del neonazismo, el fascismo y el racismo en la época contemporánea. Aquí algunos conceptos: “Gran parte de los partidos políticos y organizaciones de extrema derecha en Europa reciben, de alguna manera, influencia del fascismo. En Europa hay cuatro tipos diferentes de partidos y organizaciones de esta tendencia. Hay organizaciones que son abiertamente neonazis, entre ellas están Amanecer Dorado en Grecia y Jobbik en Hungría; éstas utilizan imágenes nazis, una estrategia de disputa dual en las elecciones y utilizan la violencia e intimidación con grupos de la calle. Asimismo, usan el racismo y odio contra las comunidades musulmanas y de inmigrantes con estrategias parecidas a las que los nazis y fascistas fomentaron en la década de los treinta –del siglo pasado- contra el pueblo judío”.

“Por otra parte, algunos académicos describen al partido francés Frente Nacional y el hoy desaparecido Partido Nacional Británico como eurofacistas. Este tipo de partidos esconden sus vínculos con el fascismo y el neonazismo para ganar apoyo electoral. Sin embargo, los simpatizantes de la Francia de Vichy fueron los que fundaron el Frente Nacional. El Partido Nacional Británico fue fundado por ex miembros del Frente Nacional, entre ellos simpatizantes del Grupo Paramilitar Combate Dieciocho. Otro acontecimiento presente y de relevancia, son los movimientos de calle de ultraderecha, entre ellos destaca el Pegida, en Alemania, que organizó grandes manifestaciones con consignas contra la inmigración y la creciente población musulmana en este país. Su parecido con el fascismo y el nazismo está en el realce que se le da a los grupos de la calle y al fomento del racismo contra las comunidades minoritarias. Las manifestaciones fueron apoyadas por el ultra derechista partido Alternativa para Alemania –AFD- y el neonazi Partido Nacional Demócrata de Alemania –NPD-“.

En este contexto de confrontación, el pasado fin semana se celebraron elecciones en el país más poderoso de Europa y de alguna manera el que hace contrapeso en este momento a la diarrea ultraconservadora, fascista y racista alentada por Trump. País donde las coaliciones son recurrentes desde hace años, formándose en función de un programa de gobierno perfectamente delineado y suscrito –no como las ocurrencias de nuestros frentistas nacionales-, el bloque Unión Demócrata Cristiana/Unión Social Cristiana de Baviera –CDU-CSU-, liderado por la actual Canciller Ángela Merker, ganó la elección con el 33% de los votos, según informo la Comisión Electoral luego de concluir el escrutinio de 299 circunscripciones.

El segundo partido más votado y a la vez el que perdió más electores fue el Partido Socialdemócrata, que se ancló en un mínimo histórico del 20.5%; la gran sorpresa la dio el partido neonazi Alternativa para Alemania –AFD- al obtener el 12.6% lo que le permitirá por primera vez formar parte del Bundestag –Parlamento- con todo lo que ello significa en la definición de políticas públicas y en la recomposición geopolítica que experimenta el mundo, en la que Alemania juega un papel fundamental. Según cifras preliminares, AFD puede llegar a obtener cerca de 90 escaños. “Vamos a recuperar nuestro país y nuestro pueblo”, amenazó Alexander Gauland, segundo a bordo del partido considerado por Sigmar Gabriel, Secretario de Relaciones Exteriores de Alemania, como una organización de “verdaderos nazis”.

Alice Weidel, líder y cabeza de lista del AFD ha declarado: “lo primero que haremos será iniciar una investigación contra Ángela Merkel, quien debe ir a los juzgados” –por su apoyo a los migrantes-; la promesa de Widel se asemeja en su sentido a la del entonces candidato republicano Donald Trump cuando le espetaba a Hillary Clinton “Lock her up!” ¡Enciérrenla! No es casualidad que la agencia de comunicación que dirigió la campaña de AfD, Harris Media, cuya matriz se encuentra en Austin, EEUU, tenga como “clientes frecuenta” al ultra derechista Partido Independentista Británico, al Partido Republicano o al Likud del Primer Ministro Benjamín Natanyahu.

Para completar el escenario de donde habrá de surgir la coalición que gobierne Alemania los siguientes cuatro años, Die Linke, de izquierda radical, obtuvo el 9.2%, los Verdes el 9%, los liberales es posible alcancen el 11%.

Como se advertirá, a pesar de haber vuelto a ganar las elecciones, perdiendo una base importante de electores, Ángela Merkel tiene el reto de encarar y lidiar con la ultra derecha nazi que por primera vez desde la caída del Tercer Reich ha vuelto al Bundestag. La crisis de los refugiados, Trump y el caos que gobierna a occidente han cristalizado el surgimiento de corrientes políticas claramente, nazis, fascistas, racistas y mezquinas que tristemente encuentran ecos en estratos considerables de las sociedades.

La estabilidad que representa Ángela Merkel –sin ser santa de mi devoción- y que en consecuencia hace de Alemania la economía más sólida de Europa, accede a su mayor prueba de fuego. Del cómo la coalición que finalmente gobierne Alemania enfrente en democracia a la ultraderecha dependerá si consiguen desfondarla de seguidores y reconstruir equilibrios de tolerancia, electoral y social. De no ser así, es posible que en cuatro años estemos presenciando el surgimiento de un liderazgo nazi fascista en Alemania, con todo lo que ello puede significar.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh

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