Quienes se oponen a cualquiera de los tres grandes proyectos de la Cuarta Transformación o a todos juntos (el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el Sistema de Aeropuertos del Valle de México), se han  aferrado a una esperanza inútil: la posible desautorización por la negativa de los estudios de impacto ambiental o la vigencia definitiva de los amparos interpuestos.

Los crédulos suponen  algo imposible: el gobierno se negará a si mismo los permisos para una obra del gobierno. Eso no sucede ni en las democracias avanzadas, mucho  menos  en esta singular versión del gobierno unipersonal.

 Y no una obra cualquiera sino aquella en cuya ejecución se basan la calidad técnica y la estrategia ( y quizá hasta el legado) de todo un nuevo sistema político en manos de “Morena” y con el Señor Presidente como adalid.

 Los amparos, en caso de concederse, se sobreseerán tarde o temprano, después de prolongadas batallas jurídicas; los estudios de impacto ambiental,  así sea necesario cambiar siete veces de secretario del ramo (ya vamos en el segundo) se acomodarán de acuerdo con las necesidades del proyecto o los proyectos y las cosas resultarán según lo planeado y ya decidido.

 No habrá desde el gobierno quien niegue permisos o concesiones o modifique cuanto sea necesario para hacer verdad el grito de victoria anticipada. “Me canso ganso”.

 Ni se cansará el ganso, ni se cancelará proyecto alguno.

 Por eso hay una dosis de ingenuidad inducida, de creencia fugaz sobre los lomos del deseo, cuyos términos son más esperanza y menos diagnóstico.

 El Señor Presidente no dará marcha atrás porque su plan carece de reversa. No se llega al poder por los senderos de la intransigencia y la terquedad, para transigir cuando se ha logrado el poder en las dosis abrumadoras del Señor Presidente, quien no tiene condición  de testa coronada pero actúa con el soberano desparpajo de  un emperador cuyo pueblo hipnotizado alza y baja la mano al compás de sus deseos o sus instrucciones.

 FRIDA

 Si no fuera tan grotesco, movería a la hilaridad, al ataque de eso llamado en Francia, el “avoir de fou rire” (tener un acceso de risa incontrolada), pero la pantomima de la Fonoteca Nacional y su hallazgo fingido de una grabación de Frida Kahlo (lo cual en sí mismo sería insignificante aun cuando hubiera sido real), se convirtió en un ridículo más de los tiempos corrientes.

 Corrientes por cómo corren en el tiempo y corrientes por su poca calidad. Pero en fin.

 La historia de la grabación cuya voz es de la  muy buena actriz radiofónica Amparo Garrido, quien se hizo célebre con la radioserie “Chucho “El Roto”, producida en XEW por Raúl del Campo. Jr. y escrita por Carlos Chacón, es de chiste.

Como si hubieran descubierto América o el deshielo de Groenlandia, Pavel Granados y su claque hicieron todo un montaje con carretes de cinta magnética y toda la escenografía (al final se les fue al suelo, pero eso no fue impreparación, fue un  presagio), sobre el hallazgo de la nada.

Y lo peor: ni siquiera es la voz de la señora Kahlo, la cual –dicen quienes la conocieron– sonaba más a Chavela Vargas y menos a la Cenicienta.

 Nos dice la prensa (R).

“…Desde la semana pasada, sin embargo, ha circulado un anuncio de la SC que invita a la Fonoteca y que, con letras grandes anuncia “La voz de Frida” sobre una imagen de la pintora, y ya en menor tamaño se habla de que la voz es una posibilidad. (¡Ah!).

“Mi opinión sobre eso es que, son opiniones, pero yo no considero (esa publicidad) engañosa, porque ahí dice ‘La voz de Frida Kahlo’ y es casi imposible que quien lea la parte de arriba no lea la parte de abajo”, explica Granados. (no, pus si).

“Puede ser una, se puede decir, una estrategia, pero pues yo no soy publicista de nada de eso”, zanja”.

En fin, un rollo fraudulento para justificar el usufructo de una de las mejores casas de la ciudad de México, en la mejor calle de Coyoacán, dispuesta al servicio de la inutilidad: La Fonoteca y su escuálido “tesoro” de sonoridad.

A fin de cuentas un  archivo más, cuyo valor no justifica su costo. Bien podría estar al  resguardo de cualquier otra institución, sobre todo ahora en los tiempos del ahorro.

–0–