RAÚL CASTELLANOS

Hay quienes afirman que “todo tiempo pasado fue mejor”; en lo personal no lo asumo así, para mí el mejor tiempo es que el estás viviendo; por supuesto pueden contar aciertos y errores cometidos en el transitar de la vida, sin que por ello sean determinantes para bien o para mal…dependiendo si aprendiste la lección; de igual forma, guardadas las proporciones de tiempo, personalidad y circunstancias, sostengo que la historia es cíclica; hay hechos que parecen repetirse; en ese sentido la ríspida contienda electoral en curso en el fondo más que en la forma parece estar abordando la máquina del tiempo en sentido inverso.

Si revisamos la historia de nuestro ciclos sexenales, desde que surgió por iniciativa de don Plutarco Elías Calles, con el objeto de transitar de “un gobierno de caudillos a un régimen de instituciones”, el 4 de marzo de 1929, el PNR –Partido Nacional Revolucionario-; luego, para dotarlo de la marca Cárdenas PRM –Partido de la Revolución Mexicana-; y hasta hoy PRI -Partido Revolucionario Institucional-; incluyendo por supuesto “la docena trágica” en que ¿gobernó? el país la nomenclatura de la “mafia azul” y lo que va del actual retorno del “ogro filantrópico” a los Pinos; podemos afirmar que los “mejores momentos” de nuestro régimen presidencialista, los vivió del termino de la Segunda Guerra Mundial en que asume la presidencia de la República Miguel Alemán Valdés –diciembre de 1946- hasta cuando le reventó al sistema el Movimiento Estudiantil de 1968.

Fueron los tiempos del desarrollo estabilizador, de las grandes inversiones y negocios, incluyendo el “reparto de utilidades” entre todos los integrantes de la “familia revolucionaria”; de la estabilidad monetaria –con ligeras fluctuaciones-; aquellos en que todos cabían dentro del PRI, el gobierno federal y los gobiernos de los estados, todos con marca de la casa y su sistema de compensaciones daba para dar y prestar; estabilidad política, basada en la maquiavélica –dicho con admiración- concepción de los “tres sectores” del partido, Obrero –CTM-, Campesino .CNC- y Popular –CNOP-; incluyendo dos no reconocidos oficialmente pero igual de poderosos y participantes del poder, el Militar y el Empresarial; además de un buen arreglo con la Iglesia Católica para “dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”; las condiciones daban para todo, dar, compartir, quedarse con la mayor parte y hasta reprimir a quienes se atrevieran a desafiar y alterar la estabilidad –caso los ferrocarrileros y los médicos-; y en medio de todo ello, como el “Gran Hermano”, el árbitro, el de la última palabra, el Presidente de la República; quien además era el gran elector –incluyendo de su sucesor-; lo que llevo a Daniel Cosío Villegas a definir nuestro régimen político como “una monarquía sexenal no hereditaria en grado sanguíneo”.

De esa época se cuentan múltiples anécdotas que dibujan el estilo y el ambiente que rodeaba a los presidentes; Miguel Alemán le entró con inusitado fervor a los negocios; compró acciones de la Compañía Petrolera “El Águila” para luego auto liquidarse; adquirió a precio de ganga el Rancho los Pirules que luego fraccionó y vendió como Ciudad Satélite; formó la colonia Polanco y la Anzúres y –también- fracciono la Hacienda de los Morales; y ya entrado en gastos se apodero –literalmente- de Acapulco; Adolfo Ruiz Cortines, en contraste se le recuerda por su austeridad y por su agudo sentido de humor negro político, que le valió ser considerado como un “viejo zorro”, “costal de mañas” y si me permiten en definición de mi amigo y hermano Paco Curi “una cobija muy meada”; se cuenta que, haciendo valer su condición de gran hacedor decía “si quiero resolver un problema, lo ordeno de inmediato, si no, creo una comisión que lo estudie”; hasta la fecha, dos anécdotas son obligadas en una sobremesa de “grillos”; aquella de como engaño a todos haciéndoles creer que su sucesor sería Gilberto Flores Muñoz –“El Pollo” le llamaba-; la otra cuando un compadre le pidió hacerlo diputado federal; realizadas las “auscultaciones” del partido no apareció su nombre, enojado fue a ver al Presidente, quien al verlo entrar, se levantó, le dio un abrazo y le dijo “nos chingaron compadre, ni modo”.

López Mateos, le dio al cargo un glamour especial; le encantaba desafiar al Estado Mayor corriendo sus autos deportivos; dícese que aplicaba con singulares resultados aquella conseja de “poder, carita y verbo –en ese orden- son irresistibles”; la visita de los Kennedy fue memorable; cuentan que en un momento de la Cena Oficial en Palacio Nacional, Kennedy le dijo “que bonito reloj señor Presidente”, de inmediato López Mateos se lo quito y se lo regalo; al día siguiente durante la inauguración de La Unidad Habitacional Kennedy, López Mateos reviró “que bonita es su esposa señor presidente”; Kennedy lo vio y le devolvió el reloj –posiblemente por aquello de las dudas-.

Cosas de la vida, de Díaz Ordaz es de quien tengo mi primer visión de un acto político; mi tío Gonzalo –de quien guardo un gran recuerdo- llegó a Oaxaca acompañándolo en su campaña; eran amigos desde que compartieron tiempos en el Instituto y se iban a nadar a las pozas Arcas, con otros dos oaxaqueños, Gilberto Suárez Torres y Raúl Bolaños Cacho Guendulain; ese día el partido de las grandes mayorías mostro el musculo; si revisamos la historia, Díaz Ordaz fue el candidato del PRI que llego a la “Silla de Krauze” –versión Peña FIL de Guadalajara- con el mayor consenso y sin oposición interna en el Gabinete; luego mostraría su carácter autoritario y represor; para la historia ahí quedan sus palabras ante el Congreso “asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica e histórica, por las decisiones del gobierno en relación con los sucesos del año pasado”.

En este contexto, los mejores tiempos del partido casi único –versión Carlos Salinas- fueron los de las presidencias imperiales de Miguel Alemán y sus grandes negocios; Ruiz Cortines, su reconocida austeridad y fina ironía para el chascarrillo político; López Mateos y su gusto por los carros deportivos y por la belleza femenina; Díaz Ordaz y su autoritarismo que no admitía controversia alguna; en suma en aquel PRI cabían todos, buenos, malos, regulares y conversos; los pecados se perdonaban siempre y cuando así lo decidiera el Tatloani sexenal.

Recién el periodista y agudo analista Emiliano Ruiz Parra tuiteo “Que cuentos rusos ni que nada. Monsanto, Televisa, TV Azteca, el yerno de Elba, Romo y ahora Cuauhtémoc Blanco y Gabriela Cuevas. Si hay un candidato que le ofrece garantías al status quo es López Obrador”.

Por su parte Andrés Manuel al darles la bienvenida tuiteo “Bienvenidos Cuauhtémoc Blanco y la senadora Gabriela Cuevas. La patria es primero. Juntos haremos historia”.

Vueltas de la historia; y aunque nada está decidido, de mantenerse las tendencias electorales ¿veremos la restauración del presidencialismo imperial?…

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?